Lyonel Feininger en el Thyssen Bornemisza Madrid. El profesor del Cubismo Prismático y Arquitecturas de Luz.

CAPÍTULO 2 

Lyonel Feininger. Bird Cloud. 1926

Lyonel Feininger (Nueva York, 1871–1956) fue un hijo de “entre siglos” que repartió su vida entre 2 continentes. Hijo de músicos, cruzó el océano con dieciséis años para estudiar violín en Hannover.  Ahí, en la Ciudad de las Ferias, las cuerdas de su instrumento enmudecieron. En cambio, lápices y pinceles cobraron vida entre sus manos impulsándolo al aprendizaje del arte de la pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Hamburgo, luego con Ernst Hancke en Berlín y Filippo Colarossi en París.

A finales del siglo XIX The Chicago Sunday Tribune y varios “magazines alemanes”, publicaban populares caricaturas y tiras cómicas de un ingenioso treintañero que mantenía sin agobios a 2 hijas de un fugaz matrimonio y a un hijo con Julia Berg, su gran amor por 48 años. Cuando Feininger visitó Notre Dame y el Kölner Dom, quedó fascinado con esos esqueletos de columnas, arcos y nervaduras que sostenían sublimes bóvedas de crucería. Seguramente fue entonces cuando los rayos de sol que traspasaban los vitrales policromados de ambas catedrales inspiraron a Feininger para emular pictóricamente las etéreas disgregaciones luminosas de las vidrieras góticas, levantando ciudades compuestas de afilados planos en las cuales la luz fracturaba calles, puentes y torres en coloridos cuadrados, rectángulos y rombos : Así nació en 1913 su cubismo prismático.

En 1917, la vanguardista galería de arte berlinesa “Der Sturm”, celebró la primera exposición individual de Lyonel Feininger.

Feininger y el convulso Siglo XX :

  • En 1919 Walter Gropius fundó la Bauhaus en Weimar. Lyonel Feininger fue nombrado el primer maestro del taller de grabado, una posición clave en los inicios de la gran vanguardia moderna alemana.
  • Además, Feininger diseñó la portada del Manifiesto de la Bauhaus: una célebre xilografía expresionista de una catedral, convertida en la icónica imagen del movimiento.
  • Al frente del taller de grabado, contribuyó de forma decisiva a la enseñanza y difusión del lenguaje gráfico de la Bauhaus.
  • Pero en 1933, año la Bauhaus cerró sus puertas, presionada por el régimen nazi que marcará la obra de Feininger como “arte degenerado” uniéndola a la de Kirchner, Marc, Kandinsky, Paul Klee, Beckmann y Kokoschka, entre otros.
  • En 1937 Feininger y familia se exilian definitivamente a Nueva York. No volverá a Alemania.
  • El regreso de Feininger a Estados Unidos fue traumático : a los 68 años tuvo que rehacer por completo su vida.
  • Había dejado atrás un Nueva York de carruajes y caballos. Regresó a uno de automóviles, trenes y una acelerada vida moderna. Pero su arte le ayudará a adaptarse. Desde la ventana de su estudio en la East 22nd.Street, Feininger fotografiaba la calle, dibujaba Manhattan y pintaba sus inconmensurables rascacielos
  • En 1956 Lyonel Feininger falleció de un ataque al corazón en su casa de Nueva York.    

Feininger y el arte

  • Lyonel Feininger fue un artista radicalmente versátil : grafito, acuarela, tinta, cómic, dibujo, xilografías, pintura, fotografía y hasta experimentos con proyección de  diapositivas (miles de ellas conservadas en el Harvard Art Museum).
  • Sus grabados en madera antecedieron a su cubismo prismático, que organizaba las formas y espacios mediante planos, aristas y transparencias, “tallando” imágenes geométricas.
  • Iconográficamente, la pintura de Feininger se mueve entre 4 polos :
  1. 1894 a 1914 : Lo lúdico y lo fantástico: Un joven Feininger crea tiras cómicas, juguetes, fantasmas (“ghosties”), figuras femeninas, maniquíes, que inyectarán vetas de fantasía a sus distintas etapas posteriores. Feininger, al igual que Miró, nunca rompió con su infancia.
  2. 1913 a 1937 : Arquitectura y “lo gótico” : Catedrales, iglesias, arcos, pueblos con torres no son sólo edificios, sino signos de tradición, espiritualidad y continuidad cultural. El gótico es un símbolo de identidad (especialmente en el Feininger “alemán” de los años de guerra y Bauhaus).
  3. 1913 a 1937 : Mar, horizonte y distancia romántica : Sus marinasbarcos y campos infinitos se estructuran también por planos pero exhalan a la vez una poderosa atmósfera romántica y moderna.
  4. 1940 a 1952 : Ciudad Moderna y rascacielos de Manhattan : Feininger refleja a Nueva York en intersecciones, tráfico y rascacielos apuntando al infinito, que cuentan de la sorpresa y confusión del artista ante esa metrópolis que impregnaba sus recuerdos en Alemania y que ahora, tan distinta, le recibe como a un extraño que la visita por primera vez.
  • 3 Obras de Feininger expuestas en el Thyssen : Volvamos al final del blog de Joan Miró en el Thyssen ; de “Pintura” de Miró al “Hombre Blanco” de Feininger (en la sección de la Colección de Carmen Thyssen Bornemisza)  que califiqué como un autorretrato aunque quizás encaje mejor denominarlo una autoproyección o, por qué no, una caricatura de sí mismo que explora la relación entre persona y ciudad. Sea como sea, les invito al análisis :

Lyonel Feininger. El Hombre Blanco (1907). Un “gringo con Stetson” en la Gran Ciudad.

Lyonel Feininger 1907

La fecha del cuadro explica la obra y su entorno artístico y social. Os cuento por qué:

  • 1907 es el «año del cambio» del artista. El exitoso caricaturista decide dar el salto definitivo a la pintura al óleo. Vive en París, donde se impregna de la efervescente libertad creativa de Montmartre.
  • El Entorno Político es engañoso, como la paz antes de la tormenta. Aparente estabilidad y crecimiento industrial en la Alemania de Guillermo II y la 3ª República Francesa. Sin embargo, subrepticiamente, las potencias europeas preparan para la Gran Guerra.
  • Entorno Social y Económico: Burbujea alegre la Belle Époque. Auge de la burguesía y de la economía urbana. París es el centro del consumo de lujo y de la industria del entretenimiento (revistas ilustradas, teatros), lo que permitió a Feininger vivir de sus dibujos antes de dedicarse al arte «puro».

El Hombre Blanco es una especie de eslabón perdido entre el Feininger dibujante y el futuro maestro de la Bauhaus. Su larga figura espectral camina a zancadas en un callejón. La altura del hombre blanco, al que la ausencia de perspectiva le confiere una dimensión gigantesca que está a la par de la del edificio naranja del fondo y superior a las verdes edificaciones circundantes, evidencia una total abstracción de la realidad. Los verdes eléctricos del callejón junto al rosa anaranjado del edificio de atrás se “solidarizan” con los de los “fauves” y expresionistas de Dresden.

La diminuta figura del hombre de negro que Feininger resalta entre las piernas del de blanco podría ser el “otro yo”, la sombra del pasado que pretende “zancadillear” al hombre blanco en su caminar hacia el progreso creativo. Durante su etapa de dibujante satírico, no era raro que Feininger usara contrastes negros muy marcados en oposición a figuras de colores claros. Como anécdota curiosa, el Hombre Blanco proviene de un dibujo satírico / político llamado “Los lamentos de Mr. Hearst “ cuyo significado sirve de confrontación entre los expertos.

Lyonel Feininger. Arquitectura II (1921) : La Música está en el Aire

Lyonel Feiniger. Arquitectura II. 1922
  • 1921 es el “año Bauhaus” de Feininger. Ya instalado en Weimar, ejerce como maestro de impresión en la escuela de Gropius y consolida su lenguaje arquitectónico en madera y lienzo. La ciudad se convierte en su gran laboratorio formal, entre la mística gótica y el orden musical de la composición.
  • Entorno Político
    La joven República de Weimar vive una paz frágil, marcada por el Tratado de Versalles y las reparaciones fijadas en 1921. Ha quedado atrás una sucesión de golpes y revueltas. El parlamento funciona estable, pero siguen latentes los resentimientos nacionalistas que una democracia débil es incapaz de contener. Se respira una calma tensa que augura tormentas. ​
  • Entorno Social y Económico
    Alemania atraviesa la resaca de la guerra: pobreza, paro y desestructuración familiar conviven con la vitalidad de los grandes centros urbanos. En 1921 arranca la espiral inflacionaria, que erosiona ahorros y salarios y alimenta tanto la angustia social como, paradójicamente, una intensa efervescencia cultural, visible en cafés, cabarés, editoriales y escuelas de vanguardia como la Bauhaus.

Feininger abandona sus, por entonces, habituales arquitecturas cristalinas para explorar una ciudad hecha de contrastes de color: edificios lineales y amables frente a tres peatones de volúmenes ovalados que avanzan casi como notas sobre un pentagrama urbano. Feininger, violinista y compositor, concibe las rectas fachadas no como muros infranqueables; más bien son vibrantes pautas musicales donde planos se alternan e interactúan como en una fuga de Bach.

Los peatones, que no se miran, no encarnan la deshumanización de Kirchner o de Grosz de la gran ciudad, sino una polifonía: cada figura sigue su propia melodía interior, pero todas contribuyen a una armonía superior.

Las ventanas negras introducen un contrapunto inquietante. Su oscuridad insinúa siluetas amenazantes, profetizando que la vida interior de la ciudad es menos transparente de lo que la luminosa paleta del pintor transmite.

La teatral cortina roja descorrida, más que citar un decorado cinematográfico, enlaza con toda una tradición pictórica donde la cortina vela un escenario simbólico: desde algunos retratos reales de Velázquez o personajes en la ventana de Dou, pasando, por ejemplo, a  un autorretrato de Beckman, hasta la Cortina Roja de Boldini. En Arquitectura II la cortina roja descorre el telón de la ciudad moderna invitando al espectador a contemplar una deslumbrante sinfonía de líneas y colores… mientras que las ventanas negras alertan de que toda armonía urbana alberga zonas sombrías.

Lyonel Feininger y «La Dama de Malva» (1922). La Soledad Geométrica

Lyonel Feininger. La Dama de Malva. 1922

Las circunstancias políticas, sociales y económicas no han mejorado desde “Arquitectura II”. Feininger continúa en calidad de “Formmeister” de la Bauhaus junto a otras almas gemelas, entre las que destacan Klee, Kandinsky y Moholy-Nagy.

Esta obra presenta a un Feininger maduro, en clave Bauhaus.

La ciudad que la acoge es limpia, geométrica, casi ideal: una arquitectura depurada que roza la perfección estética. La figura femenina no irrumpe rompiendo el espacio, sino que se integra a él mediante planos translúcidos que la funden con el tejido urbano. No hay desgarro fauvista ni violencia cromática, sino una geometrización espiritual donde la forma destila la figura en notas musicales.

El punto de vista muy bajo agranda a la Dama y estira la altura de los edificios en una estrategia de monumentalidad que Feininger reivindicaba desde 1906: cambiar las proporciones, no agrandarlas sistemáticamente.

La solitaria y distinguida Dama de Malva se inserta así en la arquitectura circundante como una melancólica transeúnte dentro de una de sus propias composiciones musicales. Frente a la tensión cromática de Arquitectura II, aquí los azules, malvas y blancos construyen una atmósfera de ensueño; el color se aparta del expresionismo de, por ejemplo, “Die Brücke”, y se alinea con el personal estado de ánimo del artista mientras que las formas surgen de trazos firmes, severas líneas.

Los haces de luz y los planos quebrados disgregan la figura en geometrías rectas y ovaladas, como si una energía interior recorriera a la Dama y al entorno. Las suaves veladuras de óleo recuerdan los vitrales góticos, que Feininger admiraba, y sus recuerdos de París: ciudad de luces filtradas y de siluetas elegantes vistas a contraluz, transfiguradas en una polifonía de planos de color que se encarnan en la Dama de Malva.

Me despido de la Dama de Malva. Pienso que, a pesar de que en 1922 Feininger era devoto de aplicar una disciplina tectónica a sus pinturas de calles, como si sus peatones tuvieran que subordinarse a la estructura final de la obra, la elegante protagonista transmite una leve humanidad en su solitario caminar que ojalá la conduzca a parajes menos sistematizados ( y más libres).

1 comentario en “Lyonel Feininger en el Thyssen Bornemisza Madrid. El profesor del Cubismo Prismático y Arquitecturas de Luz.”

  1. Me encanta cómo transmites la intensidad de la obra de Feininger, haces que se puede ‘sentir’ esa luz y esa geometría en cada cuadro. Y el detalle de la Dama de Malva es esperanzador.

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