
PRÓLOGO
A ciertas horas de la tarde, cuando merma la afluencia de visitantes, es una delicia pasear por algunas salas del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid que albergan a mis pintores favoritos.
Hace pocos días me detuve ante cuadros de Joan Miró, Paul Klee y Lyonel Feininger y se me ocurrió dedicar nuestro siguiente blog a estos tres genios del arte moderno que incorporaron ritmos y armonías musicales a la pintura del Siglo XX.
CAPÍTULO 1
- Joan Miró en el Thyssen: De las aristas cubistas al lenguaje de las estrellas
Joan Miró i Ferrà (Barcelona, 1893 – Mallorca, 1983 ), fue un artista precoz y extraordinariamente dotado que, en la Academia Galí de Barcelona, aprendió a dibujar con una precisión comparable a la de los maestros flamencos del siglo XVII. Su otro maestro, Modest Urgell, transmitió al joven Miró la fascinación por contemplar los cielos estrellados y horizontes infinitos.
Y fueron 64 obras que las vanguardistas Galerías Dalmau presentaron en Barcelona de un brillante pintor de 25 años, amante de horizontes, las estrellas y el murmullo de olas acariciando la playa. Paisajes, bodegones y retratos de aristas cubistas impregnados de colorido fauve. Así se cerró la primera etapa de Miró, justo al final de la primera Guerra Mundial. 2 años más tarde, se encuentra con Picasso en París, gradualmente alterna en el Círculo Surrealista pero no firma – fiel a su independencia absoluta de disciplinas grupales – el Manifiesto Surrealista de 1924. Ese mismo año los pinceles de Miró, como bastones de prestidigitadores, empezarán a trazar arabescos sobre el lienzo, diluirán objetos en símbolos y simplificarán formas en signos entrelazados por sutiles pero firmes líneas juguetonas.

Miró y el convulso Siglo XX:
- Miró es uno de los protagonistas del auge de las vanguardias ( el surrealismo lo roza, pero no lo absorbe).
- Sufre las pesadillas de guerras y totalitarismos.
- Huye a Normandía de las “tropas verdes grisáceas”, mandadas por enemigos de su “arte degenerado”.
- Imagina iconografías cósmicas nocturnas sobrevoladas por pájaros que salpican arquetipos femeninos de la madre tierra. Sus pinceles vuelven a transformarse en varitas mágicas que dibujan Constelaciones donde dialogan, apretujados en el silencio de espacios infinitos, astros y figuraciones simbólicas.
- Miró siente el aliento del ejército invasor. No hay más remedio que huir de nuevo. De 2 males, el menor : La España franquista.
- Y en España permaneció, hasta el final : 43 años de recogimiento, sumido en su prolífico arte : Prepara intensas superficies experimentales; provoca fondeados repletos de calidades; adopta el collage y técnicas mixtas; sus esculturas son sueños de niño; las líneas, colores y el negro en sus pinturas hilarán relatos misteriosos sobre un país oprimido, aunque no subyugado.
Miró y el arte

- Para Miró, el arte debía retornar a la pureza de sus orígenes. Esta idea guiaba su actitud moral ante la creación. No al cubismo analítico por ser excesivamente geométrico, intelectual. Para Miró, el arte no consistía en ejercicios matemáticos.
- La perfección técnica – pensaba el excelso dibujante – importa menos que el deseo de crear. Antepuso la libre expresión creativa a las teorías artísticas.
- Cualquier materia le impulsa a crear : Descubre la cerámica, los tapices, vitrales y mosaicos. En sus célebres “telas quemadas” de 1973 explora la transformación de la materia criticando a la vez la monetización del arte. A los muchos que entienden un cuadro por su valor en moneda.
- Su arte, el trabajo constante y honesto : el refugio de Miró ante los tiempos difíciles y violentos del Siglo XX. Logró abstraerse de ellos, como de las personas y críticas que le importunaban.
La Iconografía y Universo simbólico de Miró
Miró fabricó un repertorio iconográfico y simbólico muy personal y coherente que surgía instintivamente y se estabilizaba en pájaros, estrellas, mujeres, campos, escaleras, agujeros, soles, caracoles, monstruos y miembros desmembrados
- Sus pájaros son mensajeros de libertad que introducen poesía en un mundo dominado por lo material.
- Sus estrellas, lunas y soles son restos de noches insomnes chisporroteando energía en el espacio del lienzo.
- La mujer es madre, tierra, fertilidad y sexo, pero a veces apenas un cuerpo despanzurrado del que sobreviven ojos y bocas, fragmentos de presencias devoradas.
- Árboles, huertos, labradores, animales y lunas sobre el campo son la memoria rural de la que brotan todas esas cosmologías que flotan inmóviles en íntimos entrecielos.
Salvador Dalí describió las figuras de Miró como “imágenes paranoicas”. Quizás tal definición surgía del ansia de Dalí por proyectarse en Miró, confundido por no entender cómo éste purificaba lo invisible para pintarlo en poesía.
- 2 Obras de Miró expuestas en el Thyssen : Campesino Catalán con Guitarra, y Pintura
El museo Thyssen exhibía sólo estas obras en la fecha que publico este blog. El Campesino Catalán con Guitarra, en la primera planta del edificio y Pintura, colgada en una pared de las salas de la Colección de Carmen Thyssen Bornemisza. Esta separación no agobia porque multitud de preciosos cuadros, incitando tu atención, amenizan el paseo entre una y otra.
Joan Miró : Campesino catalán con guitarra» (1924). El Grito azul de Miró

La fecha del cuadro explica la obra y su entorno artístico y social. Os cuento por qué:
- En 1924, Miró comía poco, pero tenía visiones. Aunque no nadaba en la abundancia, residía en París y veraneaba en Mont Roig, su refugio creativo y origen de su arte. En la arena de algarrobos y olivos se quedaban sus huellas. El calor, las salinas y el canto nocturno de las chicharras inspirarían cuadros que luego pintaría en París con las uñas impregnadas, metafóricamente, de barro tarraconense.
- En 1924 Miró trabó amistad con André Masson, aunque su innata independencia le impide adherirse al Manifiesto Surrealista. Se siente muy próximo a Michel Leiris, Antonin Artaud, Paul Éluard y demás amistades del grupo de poetas de la Rue Blomet. Miró cambia el arte figurativo por la simplicidad de signos ideográficos que lo conducirán a la pintura – poesía.
- En 1924, España está sometida a los caprichos del dictador Miguel Primo de Rivera, siendo uno de ellos la represión de los símbolos identitarios catalanes. Miró la denuncia ante la vanguardia internacional, reafirmando sus raíces, con la Cabeza de Campesino Catalán
Y en 1924 Miró pinta su Campesino Catalán con Guitarra del cual falta todo menos su barretina y un ojo que flotan en un azul espacio cósmico. La música envuelve el cuadro de sardanas y contrapases, pero la guitarra que las canta se ha fragmentado en la nada. Coloridas ensoñaciones mironianas salpican el fondo del cuadro contrastando con las líneas negras que copan el centro. No me rompo la cabeza indagando en significados simbólicos. Prefiero hundir la vista en las maravillosas capas, matices, gradaciones, texturas y calidades pictóricas que sobresalen en el intenso azul del segundo plano.
Un grupo de visitantes asiáticos, fans indudables de Miró, se coloca delante de mi para fotografiarse delante del cuadro, sin casi mirarlo. Llegó la hora de encaminarme a “Pintura”
Joan Miró : El grito del Celotex y la Pintura Salvaje de 1936

Las Pinturas Salvajes de Miró son una denominación que surgió de la misma mente del artista, cuando padecía una insoportable tensión emocional y temor por su seguridad personal :
- Desde el periodo inmediatamente previo hasta el estallido de la Guerra Civil Española, Miró intuía que su tierra natal no le ofrecía seguridad.
- Joan Miró, el artista apolítico, abandona su neutralidad. Se posiciona a favor de los republicanos, que respetan la identidad catalana. Recuerda la época de Primo de Rivera. Sufre porque lo que se avecina será peor. Teme convertirse en un blanco expiatorio de los nacionalistas.
- En 1936 Joan Miró se muda a París. Pinta el mítico mural “Els Segadors”: El grito de un campesino catalán ante la violencia y horror de la Guerra Civil en España.
- “Pintura de 1936” está pintada sobre celotex, un material industrial rugoso de fibra de madera que resulta más apropiado que el lienzo ( y menos costoso) para reflejar su malestar visceral de manera rupestre, evocando a los magdalenienses de Altamira que tanto le habían cautivado en su juventud.
- El pesimismo impregna el cuadro. Los colores sombríos, dibujos negros y manchas blancas se confrontan en un ambiente de pesadilla. A la izquierda hay un esbozo de monstruosa forma humana, inspiradora de pavorosas alucinaciones. A la derecha, un reloj de arena profetiza un largo tiempo de oscuridad total.
- No desentonaría ver este cuadro oyendo algunas furibundas atonías de Edgar Varèse.
Me despido de Joan Miró, pensando que encontró el consuelo en su refugio de Mont Roig, trabajando sin pausa y en silencio. En sus descansos, seguro que disfrutaba de las sobrias armonías de su amigo Erik Satie. Y, por qué no, de alegres sardanas interpretadas por destacadas coblas que le inundaban de optimismo y paz.
A pocos metros de “Pintura” diviso un autorretrato de Lyonel Feininger. Presiento que me está esperando. Sin dilación, me aproximo a él.
CONTINÚA EN EL CAPÍTULO 2 : Lyonel Feininger. El Profesor del Cubismo Prismático
Gracias por este paseo tan bien contextualizado por la evolución artística de Miró. La vista se enriquece con las descripciones e imágenes de los cuadros y se puede oír de fondo la música que les acompañó en su creación. Ahora, aparte de haber conocido un poco más de su obra, me siento una espectadora de la historia que la publicación de hoy me ha hecho sentir como si formase parte de ella.