Hasta siempre, querido cine Palafox

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Es una ley de la naturaleza. Grandes templos del cine, antaño símbolos de máxima reverencia y esplendor visual continúan siendo eliminados de la vida real para pasar a refugiarse, titubeantes, en las nebulosas de una memoria cinéfila colectiva. Otro malhadado signo para mis colegas de generación de que los tiempos cambian y que nada se puede hacer para evitarlo. Me parte el corazón contemplar como en aquellos fascinantes Templos de Películas refulgen ahora Salas Multiplex, Grandes Almacenes de bajo costo o franquicias de comida rápida . Ya mismo va a correr igual suerte uno de los cines más emblemáticos de Madrid: el Palafox. Otro que se va, de los muy pocos que van quedando. Y surgen los recuerdos entrañables de mi infancia cinéfila, aquellos días, en que esperaba con la boca hecha agua el estreno de grandes superproducciones como Lawrence de Arabia, 55 Días en Pekín, Un León en Invierno, Beckett o filmes entrañables como Antes del Amanecer , Tootsie, Bienvenido Mr. Chance y las, para mi, ‘impepinables’ jornadas de Cine Alemán… De joven, mi mayor orgullo consistió en invitar un domingo, con mi primer sueldo, a mi familia al Palafox. Fue todo un lujo y quedé ‘fenomenal’ con mis padres y hermanos. En efecto, ir al Palafox era un lujo y, además, un acontecimiento social. Para empezar, había que vestirse adecuadamente para ser digno de participar en la ‘Experiencia Palafox’. Una vez en el cine , ujieres bien uniformados te guiaban a tu asiento numerado, la propina era agradecida con una digna reverencia y llegaba el interminable momento de empezar a revolverse impaciente en la cómoda butaca mientras admirábamos el esplendoroso decorado de la sala que, no por más visto, dejaba de parecernos menos deslumbrante. Se podía palpar la ansiedad del público , en anhelante espera del tenue apagado de las luces, aviso de entrada del bloque de anuncios de Movierecord, a su vez, antesala inmediata del comienzo de la magna obra de séptimo arte que habíamos acudido a contemplar. Tiempos aquéllos…
Hoy en día puedes descargar el último éxito de Hollywood en tu dispositivo móvil, engullirlo mientras vas en el metro y borrarlo en una mota de tiempo. También vale engrosar la cola de las palomitas del cine multiplex más cercano antes de asistir a la función elegida entre una amplia gama de películas que se exhiben en una desangelada sala, hermana gemela de todas las desangeladas salas multiplex de nuestra era global. Que no haya malentendidos. No nos quejamos de la explosión de la Cultura Digital que hace antiguas a muchas profesiones y modas, entre ellas, ser montador de películas analógicas o ir a cines como el Palafox. No es que nos quejemos del progreso y del cambio de hábitos que ha traído consigo la “nueva normalidad” en la experiencia cinematográfica; solamente deseamos solazarnos con dulces recuerdos de íntima “nostalgia” para despedir con un respetuoso cariño al Palafox, el cual ocupó un lugar verdaderamente especial en nuestro corazón durante una larga parte de nuestra vida. Esta semana, no se pierdan ‘La Última Función’ del Palafox.

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